¿Te han recomendado una dieta sensorial para tu hijo pero no sabes bien de qué se trata? Tranquila(o), es normal confundirse con el nombre. Aunque suena a algo de comida, en realidad hablamos de una estrategia de estimulación sensorial personalizada que puede marcar una gran diferencia en el día a día de tu hijo.
Esto es algo que veo muchísimo en consulta: familias que se sienten perdidas entre tantas conductas difíciles, sin saber que el cuerpo de su hijo sólo está buscando regularse de alguna forma.
¿Qué es una dieta sensorial?
Una dieta sensorial infantil es un conjunto de actividades que se integran durante el día para darle al sistema nervioso la dosis justa de estimulación que necesita.
Estas actividades son propuestas por un terapeuta ocupacional especializado en integración sensorial, y no solo trabajan con los cinco sentidos clásicos (vista, tacto, olfato, gusto y oído), sino también con:
- Sistema propioceptivo: el que nos dice dónde está nuestro cuerpo y cuánta fuerza usamos.
- Sistema vestibular: responsable del equilibrio y la sensación de movimiento.
¿Por qué se llama “dieta”?
Porque, al igual que comemos varias veces al día para evitar sentirnos mal, nuestro sistema sensorial también necesita estímulos distribuidos en el tiempo para funcionar bien.
Por ejemplo:
- Los efectos de una actividad táctil duran entre 1 y 1,5 horas.
- Los efectos propioceptivos pueden mantenerse por hasta 1,5 horas.
- Y la estimulación vestibular puede durar incluso 6 horas.
Por eso, lo ideal es ofrecer estímulos cada 40 a 60 minutos, para prevenir acumulaciones de tensión o desorganización sensorial que pueden llevar a conductas desafiantes.
¿Cómo se diseña una dieta sensorial?
Cada niño es único. Por eso, antes de diseñar una dieta sensorial es necesario conocer su perfil sensorial:
- ¿Es hipersensible a ciertos estímulos?
- ¿Busca constantemente tocar, saltar o moverse?
- ¿Evita ciertas texturas o sonidos?
Con esa información clara, el terapeuta puede crear una rutina diaria que incluya actividades prácticas y adaptadas tanto para casa como para el colegio.
¿Qué beneficios tiene?
Una dieta sensorial bien diseñada puede:
- Mejorar la atención y concentración.
- Reducir explosiones emocionales o conductas impulsivas.
- Fomentar una mejor interacción social y juego.
- Promover un estado general de mayor calma, regulación y bienestar.
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Porque cuando comprendemos el cuerpo y el sistema sensorial, todo empieza a tener sentido.