Si tu hijo busca siempre el celular, repite una misma actividad o pasa de un objeto a otro sin sostener el juego, quizá no le falten ganas de interactuar. Para ampliar el juego de tu hijo, primero ayúdalo a comprender la actividad, compartirla contigo y reconocer un inicio, un desarrollo y un final.
Este artículo está basado en mi video ¿Siempre el mismo juego? Cómo ampliar el juego de tu hijo, edición 2025. En esta mini asesoría analizo el caso particular de un niño de 5 años con autismo nivel 2 y explico por qué, antes de exigirle nuevos juegos, conviene trabajar la conexión, la participación y la atención compartida.
Como terapeuta ocupacional pediátrica, mi objetivo es ayudarte a mirar más allá de frases como “no juega”, “nada le interesa” o “solo quiere el teléfono”. A veces, el niño no rechaza el juego: simplemente la actividad es demasiado abstracta, extensa o difícil para su nivel actual de participación.
En esta mini asesoría explico cómo empezar desde la conexión, adaptar el juego al nivel del niño y utilizar sus intereses para desarrollar atención y participación.
Este contenido es educativo y no sustituye una evaluación individual de terapia ocupacional, pediatría, psicología, lenguaje u otra disciplina. Cada niño tiene un perfil de desarrollo, comunicación y procesamiento sensorial diferente.
¿Por qué mi hijo siempre juega a lo mismo?
Tu hijo puede repetir el mismo juego porque esa actividad es predecible, comprensible y segura. Los números, las letras, los vehículos o una aplicación conocida siguen un orden claro. En cambio, el juego simbólico abierto puede exigir atención compartida, lenguaje, planificación, imitación y flexibilidad al mismo tiempo.
También puede ocurrir que busque el celular o camine de un lado a otro porque no sabe qué otra cosa hacer. Si las actividades que se le ofrecen no tienen un significado claro, es probable que vuelva a aquello que ya conoce y puede controlar.
Esto no permite concluir por sí solo que exista hiperactividad, oposición o una “fijación” que deba eliminarse. Primero conviene observar qué comprende el niño, cómo comunica sus intereses, cuánto tiempo logra participar y qué sucede cuando el adulto entra en su juego.
Antes de ampliar el juego, conecta.
Para ampliar el juego de tu hijo, busca primero un momento de conexión. La meta inicial no es que complete un circuito, siga muchas instrucciones o juegue “correctamente”. Empieza por lograr que note tu presencia y comparta contigo una experiencia agradable.
La atención conjunta aparece cuando dos personas comparten el interés por un objeto o acontecimiento. Puede verse en una mirada breve, un gesto, una sonrisa, un sonido, acercarte un objeto o esperar que continúes. No exige forzar al niño a mantener contacto visual.
Colócate a su altura. Entra en una actividad que ya disfrute. Usa pocas palabras. Puedes cantar, hacer un movimiento divertido, detenerte y esperar unos segundos para ver qué hace.
Por ejemplo, si le gustan los juegos de movimiento, prueba con una canción corta:
- Ponte frente a él.
- Canta una frase sencilla.
- Haz un movimiento que le resulte divertido y seguro.
- Detente antes de su parte favorita.
- Espera una señal: una mirada, un gesto, una sonrisa, un sonido o que tome tu mano.
- Repite la acción si muestra que quiere continuar.
El objetivo no es seguir una canción perfecta. Es crear un momento de ida y vuelta entre tú y tu hijo.
¿Qué señales muestran conexión?
No esperes únicamente palabras o una mirada larga. Cuando empiezas a ampliar el juego de tu hijo, las señales pequeñas también cuentan.
Observa si tu hijo:
- Se queda cerca de ti unos segundos más.
- Te mira brevemente o gira el cuerpo hacia ti.
- Sonríe, vocaliza o cambia su expresión cuando haces una pausa.
- Toma tu mano para pedirte que repitas una acción.
- Espera el momento emocionante de una canción o juego.
- Te entrega, muestra o acerca un objeto.
- Protesta cuando te detienes y busca que continúes.
Puedes reconocer lo que ocurre con frases cortas y claras: “Quieres más”, “otra vez”, “te gustó”, “mi turno” o “tu turno”.
¿Qué juegos ayudan a empezar?
Los juegos breves de causa y efecto son un buen punto de partida porque muestran con claridad qué sucede primero y qué ocurre después. Una secuencia con inicio, desarrollo y final ayuda al niño a anticipar la acción y comprender su papel.
Un ejemplo simple es construir una torre con tres bloques y derribarla.
- Inicio: reúnen los bloques.
- Desarrollo: colocan uno, dos y tres bloques.
- Final: la torre cae.
Después de que caiga, haz una pausa. Observa si tu hijo te mira, se acerca, toma un bloque, hace un sonido o busca que repitas el juego. Esa pausa crea una oportunidad real de comunicación.
También puedes probar estas actividades:
- Poner una pelota en una rampa y verla bajar.
- Introducir monedas grandes de juguete en una alcancía.
- Colocar aros en un soporte.
- Esconder una marioneta y preguntar: “¿Dónde está?”
- Rodar un vehículo y hacerlo caer sobre un cojín.
- Hacer burbujas, detenerte y esperar que te pida más.
- Cantar una canción con movimientos y pausar antes del momento favorito.
Empieza con secuencias de dos o tres pasos. Si tu hijo se aleja, simplifica la actividad. No añadas más instrucciones para intentar retenerlo.
¿Debo usar sus intereses?
Sí. Para ampliar el juego de tu hijo no necesitas retirar de inmediato los objetos o temas que más le gustan. Puedes usarlos como puente hacia nuevas acciones, personas y formas de comunicación.
Si le gustan los barcos, usa barcos. Si le encantan los números, empieza con números. Si busca vehículos, incorpora vehículos. El interés no es un obstáculo: puede ser la puerta de entrada para conectar.
Por ejemplo, si le gustan los barcos:
- Toma un barco que le guste.
- Cuenta: “Un barco, dos barcos, tres barcos”.
- Haz que el barco caiga de manera segura sobre un cojín.
- Tú también puedes caer o hacer un sonido divertido.
- Gateen juntos para buscar el barco.
- Repite la secuencia.
Con el tiempo, agrega solo una variación cada vez:
- Cambia el lugar donde aparece el barco.
- Añade una canción.
- Incluye una pausa para que pida “más”.
- Alterna “mi turno” y “tu turno”.
- Añade un segundo barco.
- Usa una caja como “puerto”.
No se trata de repetir exactamente lo mismo para siempre. Se trata de ampliar una actividad conocida sin hacer que el juego sea demasiado nuevo, confuso o exigente.
¿Y si solo busca el celular?
El celular puede ser muy predecible. El niño sabe qué tocar y qué respuesta obtendrá. Antes de retirarlo sin más, intenta identificar para qué lo busca.
Tal vez quiere:
- Ver submarinos.
- Mirar carros.
- Escuchar una canción.
- Repetir números o letras.
- Ver una secuencia que ya conoce.
Después, convierte ese interés en una oportunidad de comunicación. Si busca videos de submarinos, imprime una foto de un submarino o usa un pictograma. Enséñale a señalarlo, entregarlo o escogerlo antes de acceder al contenido.
Puedes decir:
“¿Quieres el submarino?”
“Muéstrame submarino.”
“Sí, quieres submarino. Vamos a verlo.”
Así, el celular deja de ser solo un objeto que debe alcanzar. Se convierte en parte de una secuencia de comunicación: señalo o muestro lo que quiero → el adulto entiende → obtengo una respuesta.
Los apoyos visuales pueden incluir objetos reales, fotos, dibujos, pictogramas o palabras escritas. Elige el formato que tu hijo comprenda mejor.
Integra lo sensorial al juego.
La integración sensorial no consiste únicamente en hacer carretillas, saltar en un trampolín o aplicar presión. Una actividad puede incluir movimiento o fuerza, pero si el niño no comprende para qué la está haciendo ni conecta con el adulto, puede no ayudarle a ampliar su juego.
Convierte el movimiento en una experiencia compartida.
En lugar de pedir muchos saltos sin contexto, usa una canción, cuenta hasta tres, haz una pausa y espera antes de decir “¡ya!”.
En vez de rodar una pelota terapéutica sobre su cuerpo de forma automática, integra un juego:
“La pelota rueda, rueda, rueda… ¡se detuvo!”
Después observa si busca que continúes.
Puedes combinar movimiento y conexión con:
- Canciones que incluyen saltos y pausas.
- Juegos de caer de manera segura sobre cojines.
- Columpio con “preparados, listos…” antes de continuar.
- Gatear juntos para encontrar un objeto preferido.
- Esconder una marioneta dentro de un túnel.
- Empujar una caja con sus vehículos favoritos.
- Llevar objetos de un punto a otro dentro de una historia sencilla.
Para profundizar, puedes leer qué es la integración sensorial, conocer qué es un perfil sensorial y probar estas actividades propioceptivas para niños.
No apliques masajes, vibración, tracción, presión articular ni equipos sensoriales sin orientación individual si no conoces la tolerancia, las necesidades o las condiciones médicas del niño. Detén cualquier actividad si muestra dolor, miedo, mareo, rechazo o mayor desorganización.
¿Qué intenta comunicar cuando me busca o me toca?
Acercarse, abrazar, tocar tu cara o presionarse contra un adulto puede tener significados distintos. Quizá tu hijo busca contacto sensorial, intenta iniciar una interacción, pide ayuda o trata de comunicar una necesidad.
No es posible saberlo con certeza sin mirar el contexto. En vez de asumir, ofrece opciones y pon palabras a lo que ves:
- “Veo que tomas mis manos. ¿Quieres presión?”
- “¿Quieres un abrazo o quieres jugar?”
- “¿Necesitas agua?”
- “Parece que quieres que lo haga otra vez.”
- “¿Quieres mi atención? Vamos a jugar.”
Acompaña tus palabras con objetos, fotos o gestos. Si tu hijo te lleva hacia algo, considera ese comportamiento como un intento de comunicación. Luego ayúdalo a construir una forma más clara y segura de pedirlo.
Cómo ampliar el juego de tu hijo paso a paso.
Para ampliar el juego de tu hijo, prueba esta secuencia durante varios días con una actividad que ya disfrute:
- Observa qué objeto, movimiento, canción o tema elige por sí mismo.
- Acércate a su altura e imita una acción sin controlar el juego.
- Crea una secuencia breve con inicio, desarrollo y final.
- Usa una frase corta y repítela siempre en el mismo momento.
- Detente antes de la parte favorita y espera unos segundos.
- Responde a cualquier intento de continuar: mirada, gesto, movimiento, sonido o palabra.
- Repite tres o cuatro rondas si sigue conectado.
- Añade una sola variación cuando la secuencia ya sea familiar.
- Termina antes de que el juego pierda sentido y muestra “terminado” con una palabra o apoyo visual.
No midas el progreso solo por el tiempo que tu hijo permanece sentado. También es progreso que vuelva a ti, anticipe una acción, acepte tu participación, te entregue un objeto, espere una pausa o tolere una pequeña variación.
Qué conviene evitar.
Cuando quieres ampliar el juego de tu hijo, ofrecer más actividades no siempre significa obtener mejores resultados.
Evita:
- Exigir contacto visual para dejarlo continuar.
- Presentar circuitos largos con muchas instrucciones.
- Cambiar muchos elementos del juego a la vez.
- Retirar todos sus intereses preferidos para obligarlo a probar otros.
- Interpretar cada alejamiento como desobediencia.
- Hablar demasiado cuando todavía intenta comprender la acción.
- Repetir ejercicios sensoriales sin interacción ni propósito compartido.
- Comparar su forma de jugar con la de otros niños.
Todos los niños quieren interactuar y disfrutar. Sin embargo, algunos necesitan que el juego sea más concreto, más breve y más predecible antes de poder sostener una actividad compartida.
Cuándo buscar orientación profesional.
Busca orientación de un profesional del desarrollo infantil si tu hijo:
- No inicia ni mantiene interacciones con adultos o niños.
- Pierde habilidades que antes tenía.
- No cuenta con una forma funcional de pedir necesidades básicas.
- Se expone a riesgos al buscar objetos o estímulos.
- Tiene dificultades que afectan de forma importante la vida familiar, escolar o social.
- Se muestra muy frustrado durante el juego o las transiciones.
Una evaluación individual puede explorar comunicación, lenguaje, audición, motricidad, regulación sensorial, juego y participación diaria. Las estrategias deben adaptarse al niño, a su familia y a su escuela.
También puedes explorar mi artículo ¿es conductual o sensorial?, así como los juegos para calmar a niños inquietos.
Preguntas frecuentes sobre el juego.
¿Debo quitarle su juego favorito?
No necesariamente. Su interés preferido puede ser la puerta de entrada a la conexión. Úsalo para introducir turnos, sonidos, movimiento, comunicación y pequeñas variaciones.
¿Qué hago si abandona todas las actividades?
Reduce la exigencia. Prueba una actividad de causa y efecto que dure pocos segundos. Ponte a su altura y termina con algo fácil de anticipar. Si se aleja, observa qué parte fue demasiado larga, confusa o poco motivadora.
¿Tiene que mirarme para que exista conexión?
No. Una mirada breve puede ser una señal de conexión, pero también cuentan acercarse, orientar el cuerpo, sonreír, vocalizar, entregarte un objeto o esperar que repitas una acción. No fuerces el contacto visual.
¿Cómo enseño los turnos?
Empieza con una actividad muy corta. Por ejemplo, tú colocas un bloque, tu hijo coloca otro y juntos derriban la torre. Usa siempre “mi turno” y “tu turno”. Ayuda solo lo necesario y termina después de pocas rondas.
¿Los pictogramas reemplazan el lenguaje?
No. Los pictogramas, las fotos y otros apoyos visuales acompañan el lenguaje y hacen más clara la información. Usa una imagen que tu hijo comprenda, di la palabra correspondiente y responde cuando la utilice para comunicar algo.
¿Cuánto tiempo debo jugar con mi hijo?
No existe una duración universal. Al inicio, varios intercambios breves y agradables pueden ser más útiles que una sesión larga. Termina mientras todavía hay conexión y aumenta el tiempo poco a poco según la respuesta de tu hijo.
Qué debes recordar.
Para ampliar el juego de tu hijo, conecta antes de dirigir. Elige una actividad que ya tenga sentido para él, conviértela en una secuencia corta y deja espacio para que responda.
- Sigue sus intereses en lugar de combatirlos.
- Usa juegos sencillos de causa y efecto.
- Marca claramente el inicio y el final.
- Haz pausas para crear oportunidades de comunicación.
- Reconoce señales pequeñas de atención compartida.
- Integra el movimiento dentro de una experiencia social.
- Añade una variación cada vez.
- Utiliza apoyos visuales claros y personalizados.
Puedes comenzar hoy con un objeto que le guste y una rutina de tres pasos. Juega unas pocas rondas, haz una pausa en el momento emocionante y observa qué hace tu hijo para pedirte que continúes.